Adrián Pirela es analista de soporte nivel 2 en Carmenta y trabaja desde Venezuela. Su día lo marcan los tickets que entran y los problemas que hay que resolver antes de que crezcan. Nos contó cómo lo ordena.
Ducha, desayuno y un saludo al equipo
Empieza temprano. Antes de conectarse se ducha, desayuna y ordena su espacio de trabajo. Lo primero que hace al entrar es saludar al equipo. De ahí pasa a revisar los pendientes: valida los tickets que tiene asignados y va resolviendo los incidentes que aparecen, tanto en los sistemas internos como las dudas y problemas que reportan los clientes. Dice que la parte que más le gusta del trabajo es justamente esa, poder destrabarle el día a alguien.
Laptop, playlist y un snack
Su lista de esenciales es honesta y breve: la laptop, una playlist que lo acompañe y algo para picar durante la jornada.
Su consejo: un rincón propio y muchos mensajes
Recomienda armarse un rincón de trabajo para no dispersarse, usar los breaks para moverse un poco y hablar seguido con el equipo. En remoto, comunicar de más cuesta menos que comunicar de menos.
Lo más retador: desconectar al final del día
Su mayor desafío es sostener la línea entre el trabajo y la vida personal. Al estar todo el tiempo en casa, las dos cosas se mezclan fácil y cuesta cerrar la jornada. Su conclusión es que las rutinas son el ingrediente secreto del trabajo remoto.
Cocinar como actividad creativa
La flexibilidad de la rutina le abrió tiempo para explorar recetas y probar platos que antes no podía. Cocinar se le volvió una actividad creativa que disfruta.
Experiencia sin sacrificar lo personal
El balance de Adrián es que el remoto le permitió sumar experiencia y conocimiento sin poner en pausa su vida personal, gracias a la flexibilidad para dedicarle tiempo a lo que le importa, sean amigos, familia o sus propios proyectos. Su meta es seguir aprendiendo y sumando habilidades para asumir desafíos más grandes.
Otra historia desde Venezuela, esta vez en desarrollo backend, es la de Anyi Marín.

