Natalia Pérez Ortiz es analista QA en Inmetrics Latam y trabaja para WOM Chile desde Argentina. Su día se mide en casos de prueba, tableros de Jira y trazabilidad, y arranca después de dejar a su hijo en el jardín. Nos contó cómo lo arma.
Del jardín de infantes al tablero de Jira
La jornada de Natalia empieza cuando vuelve de dejar a su hijo. Con el mate al lado, ordena las tareas del día, revisa el tablero en Jira y prioriza los casos de prueba según lo que haya que entregar en el sprint. Después entra a la daily con el equipo para alinear avances y sacar del medio los bloqueos.
Ejecutar, documentar, reportar
El grueso del día se le va en ejecutar pruebas funcionales o regresiones, dejar los resultados documentados y reportar las incidencias que encuentra. En paralelo mantiene una conversación abierta con desarrolladores y analistas funcionales para aclarar requerimientos y validar correcciones. Antes de cerrar actualiza el estado de las pruebas y deja todo escrito, para que la trazabilidad del proceso no dependa de la memoria de nadie.
Jira, y tres habilidades que no son técnicas
Su herramienta imprescindible es Jira: ahí organiza los casos, registra incidencias y sostiene la trazabilidad. Pero cuando habla de lo que de verdad define el trabajo de QA menciona otras tres cosas: atención al detalle, comunicación efectiva y capacidad de análisis. Son las que permiten anticipar errores en lugar de solo encontrarlos.
Su consejo: un espacio propio y cero miedo a preguntar
Recomienda armar un lugar de trabajo distinto del resto de la casa, cómodo y sin distracciones, y apoyarse en las herramientas de colaboración que tenga a mano, sea Teams, Slack o Jira. Lo que pone como punto principal, sin embargo, es otra cosa: no tener miedo de preguntar ni de pedir ayuda. En remoto, dice, la proactividad y la claridad hacen la diferencia.
Lo más retador: comunicarse como si estuvieran en la misma sala
Al principio le costó mantener la fluidez que tenía en presencial. En QA hay que coordinarse todo el tiempo con desarrollo, análisis funcional y diseño, y con cada uno en su casa tuvo que volverse más proactiva, más clara y más ordenada al comunicar. Separar los tiempos personales de los laborales también fue un desafío, hasta que armó rutinas. Su lectura hoy es que el remoto la obligó a desarrollar más autonomía y a planificar mejor.
Leer, diseñar, cocinar y llevar al jardín
Lo que más disfruta del remoto es poder acompañar a su hijo en el día a día, llevarlo y buscarlo. Alrededor de eso entran sus hobbies: leer, diseñar, cocinar platos más elaborados y salir a caminar.
Sin traslados, con más energía
El balance de Natalia es que mejoró su calidad de vida porque logró un equilibrio más sano entre lo personal y lo laboral. El tiempo que antes se iba en traslados hoy lo usa para capacitarse, estar con su familia o descansar, y eso se le nota en la energía durante la jornada. Trabajar desde casa también le dio más concentración para las tareas de testing y mejor planificación, sin perder el hilo con el equipo.
Si te interesa el ángulo del liderazgo técnico, el caso de José Artigas va por ahí.

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